domingo, 16 de agosto de 2020

“Hacia el Surgimiento del Acompañamiento Terapéutico".

Por Guillermina Battú*  

CONSTITUCIÓN DEL MODELO ASILAR MANICOMIAL:

Durante la modernidad, se aspiró hacia un ideal de orden y progreso, lo que hizo necesario la creación de un Estado para organizar a los ciudadanos, ya que, se enaltecía la idea de hombre y se aspiraba a una sociedad de iguales. Para lograr tal fin, fue ineludible la creación de instituciones, las cuales persisten hasta hoy en día, tales como la escuela, la cárcel, los hospitales, etc.

Las mismas, surgen como un modo de responder a la demanda social del momento, la cual planteaba simultáneamente la necesidad de transformar las ciencias liberándolas de la metafísica y la religión, instaurando de esta manera, una nueva razón de poder: La Ciencia. Esta ciencia que convoca el Positivismo se modela sobre las Ciencias Naturales de la época, por lo tanto, todo tipo de pensamiento de esta índole va a tender a “naturalizar” lo social.

El positivismo establece la posibilidad de un conocimiento “objetivo”, lo cual implica la ausencia de mediaciones con la realidad. Será a partir de esto que la ciencia se instituye como Norma o Ley de regularidad observable de los fenómenos. De este modo, se considera que la Normalidad será determinada por aquello que se repite con mayor frecuencia, lo que implica una connotación ética, debido a que “será bueno, lo que es normal y será normal, lo que compete a la mayoría”. 

Lo normal hace alusión a la posibilidad de responder a un ordenamiento o a una norma. La norma se entiende como aquel modelo a tener en cuenta al momento de actuar, es aquello que regula la conducta social de los ciudadanos, todo lo que se encuentre excluido de estas referencias será definido como lo patológico. Lo patológico entonces, se presenta como aquello que viene a irrumpir con un orden establecido, con una norma impuesta, es aquello que justamente, responde a un discurso diferente al impuesto previamente.

Volviendo a las instituciones, más precisamente al Hospital, retomamos a Paulo Amarante (2009), quien establece que el Hospital en sus comienzos, no se trató de una institución médica, sino que fue sufriendo múltiples transformaciones a lo largo de la historia.

En la Edad Media tenía un fin filantrópico, ya que, su función era de caridad, por lo tanto, el Hospital se encargaba de ofrecer abrigo y asistencia a pobres, enfermos, etc. La locura en ese momento, era concebida desde un lugar trágico o cómico.

En el siglo XVII, el Hospital, se transforma en Hospital General (1656) y pasa a tener una función de orden social y político. Foucault se refiere al Hospital General como “La Gran Internación” o “El Gran Encierro”, el cual se produce a partir de un decreto elaborado por el Rey de Francia y constituyó un nuevo lugar para el loco, ya que, el modelo asilar en esa época, tenía como único fin la práctica del encierro como dispositivo de segregación y depósito de los inadaptados, de los raros, de los diferentes, de los locos. Durante esa época, se practicaba el encierro sin ningún fin terapéutico, con el único objetivo de separar, marginar, aislar. “Con el advenimiento del Hospital General la internación pasó a ser determinada por autoridades reales y judiciales. Al director del Hospital le fue delegado un poder absoluto que era ejercido sobre toda la población” (Amarante; 2009; pág. 25-26)

Luego de la Revolución Francesa, el Hospital General sufre otra transformación, fue medicalizado y se convirtió en una Institución Médica, debido al intento de muchos médicos por humanizar estas instituciones a partir de los ideales de Igualdad, Libertad y Fraternidad que la propia revolución proponía.  “La revolución francesa fue un momento histórico impar; escenario de varias transformaciones económicas, sociales y políticas que tienen mucha impronta para el área de la medicina y el campo de la salud” (pág. 29).

De este modo, durante el siglo XVIII y XIX, el poder médico comienza a desplegarse en los espacios sociales, a partir de la vigilancia y el control, estableciendo así, la oposición entre lo sano y lo enfermo, lo normal y lo patológico. La ciencia centra su mirada sobre la locura, transformándola en objeto de conocimiento, a la que dio el nombre de “enfermedad mental”.

Ante esto, podríamos decir, que la medicina fue llamada a ejercer un papel de ordenador en nombre del bien de los sujetos y del desarrollo de la sociedad. El loco pasa a caracterizarse como un representante que irrumpe con el orden social, como algo que representa riesgo y peligrosidad social, inaugurándose de este modo la institucionalización de la locura y el ordenamiento del espacio hospitalario por parte de la medicina. De este modo, se entrecruza la medicina con la justicia dando sostén a este proceso, con la superposición de castigo y tratamiento.

La figura del médico clínico surge con Pinel en 1793, el cual postula el aislamiento como algo fundamental para ejecutar reglamentos de policía interna y al mismo tiempo, observar la sucesión de síntomas para describirlos. El hecho de Pinel de liberar a los locos de las cadenas a las cuales eran sometidos por irrumpir con el orden social, no posibilita su inscripción en un espacio de libertad, sino que funda la ciencia que los clasifica y los sujeta como objetos de saberes, de discursos, de prácticas actualizadas en la institución de la enfermedad mental. “El gran cambio en las prácticas terapéuticas se introduce por la medicalización de la relación de asistencia, pasándose de lo que era un encierro compulsivo y policial con convalidación de la iglesia, a un tratamiento compulsivo de los enfermos”. (Galende; 1994; pág. 134) En esta confluencia se consolida la institución asilar-manicomial que tendrá como paradigma la medicalización de la locura. 

Dichas instituciones se organizaron como modos de discursos y de control, es decir, se ocuparon de concentrar a todo un conjunto de la población para imponer el acatamiento de una normativa.

La salud es pensada en este momento, desde un Paradigma Positivista, centrado en el poder Medico-Hegemónico y avalado por una lógica Asilar Manicomial. Desde dicho paradigma, el criterio de Salud Mental, se vincula a lo adaptativo y al mismo tiempo, se homologa a la anormalidad con la patología. De este modo, todo aquel que no logre adaptarse, es considerado como loco o desadaptado.

La ciencia positiva se esfuerza por categorizar, fragmentar la realidad en partes desiguales y asignarle a cada una de ellas su disciplina. El ideario en Salud desemboca en una medicina biologicista, individualista, poblada de categorizaciones y cuadros estrictamente definidos. La ciencia considera a la Enfermedad Mental como el resultado de factores orgánicos y lleva a cabo un tratamiento por medio de técnicas basadas en tratamientos físicos, como electroshock, chaleco de fuerza, tratamientos químicos y principalmente a través del aislamiento social.

De este modo, la incomunicación y la despersonalización son los principales efectos. Al mismo tiempo, la relación médico-paciente se encuentra marcada por una distancia radical entre ellos, ubicándose el médico como autoridad, como aquel que posee el saber y reduciendo al enfermo a una total pasividad.

 El enfermo que se encuentra internado, debe adecuarse rápidamente a este poder objetivante que lo libera de la problemática real que no sabe o no puede enfrentar. Tanto el paciente como el psiquiatra aceptan finalmente el poder de la institución, que asigna lugares, distribuye saberes y regla el poder.

CONSTITUCIÓN DEL CAMPO DE LA SALUD MENTAL:

Luego de la Segunda Guerra Mundial, varios países europeos quedan en condiciones devastadas, tanto social y económicamente, lo cual da paso al comienzo de grandes movimientos que sostienen una crítica al modelo asilar manicomial y a la institución asilar. De este modo, el periodo post-guerra se constituye como cimiento de grandes transformaciones y escenario para el proyecto de reforma psiquiátrica contemporánea.

Franco Basaglia (2008), establece que a partir de los años cincuenta y sesenta, aparecieron diversas propuestas alternativas al manicomio, las cuales fueron pioneras para la constitución del Campo de la Salud Mental.

Dentro de los movimientos que comenzaron a desarrollarse y que tuvieron un importante auge, podemos ubicar en el continente europeo que el problema del fracaso de la psiquiatría tenía directa relación con la institucionalización que ella promovía. Esto desembocó en el desarrollo de las denominadas “Comunidades Terapéuticas” en Inglaterra, que sirvieron como primer paso al desarrollo de los posteriores movimientos de reforma psiquiátrica efectuados en Francia, Italia y Estados Unidos.

Más allá de las diferencias entre ellas, estas políticas coincidían en la meta de terminar con las internaciones prolongadas o indefinidas y abordar las problemáticas psiquiátricas severas de manera ambulatoria, desde una perspectiva comunitaria y dando lugar a la conformación (en sus respectivos países) de leyes y políticas en Salud Mental; y estableciendo un momento de transición de prácticas psiquiátricas manicomiales, a prácticas que logran la humanización de los tratamientos.

Todas estas experiencias, posicionadas desde un Paradigma Alternativo al de la internación, concebían al hombre como una totalidad biopsíquica, inserto en un contexto y un medio ambiente determinado. De este modo, es posible admitir que desde este posicionamiento se considera al “enfermo” como una persona que está atravesando por un momento peculiar de su historia.

Desde este paradigma, se comienza a pensar en términos de “Campo de la Salud Mental”, el cual está determinado por la calidad de los vínculos, la comunicación, y la inserción social de la persona, se busca un estilo de relación interpersonal, con énfasis en la comunicación entre las partes. Es importante desde este paradigma, que se transforme la lógica médico-paciente como relación de poder, para apoyar a la importancia de la comprensión mutua para el éxito de la terapia y que el médico acompañe como consejero.

Podemos establecer que el campo de la Salud Mental, es un área de conocimiento y de actuación técnica que no se reduce solo al tratamiento de enfermedades o de patologías, por el contrario, abarca el ámbito de prevención en Salud, a partir de la participación de múltiples actores y sectores. En este sentido, se piensa y actúa en términos de complejidad, dificultando así la posibilidad de establecer sus límites o fronteras.

Salud Mental, es un campo básicamente polisémico y plural en la medida que trata del estado mental de los sujetos y de las colectividades que, del mismo modo, son condiciones altamente complejas. Cualquier especie de categorización está acompañada del riesgo de un reduccionismo y de un aplastamiento de las posibilidades de la existencia humana y social (Amarante; 2009, p. 21)

Desde esta perspectiva, la Salud se reconoce como un proceso que está determinado por la estructura de producción-reproducción social, es decir, con las condiciones sociales de vida y no sólo como la ausencia de enfermedad.

Al sujeto se lo concibe como social y activo, cuya idea concuerda con lo expuesto por Galende:

El objeto de la Salud Mental, no es un objeto natural, es un objeto social-histórico que no se restringe a la producción de enfermedades mentales, sino a los valores positivos de salud mental, en que las mismas enfermedades pueden ser pensadas y explicadas. (Galende E, 1994, pág. 79-80).

SURGIMIENTO DEL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO:

Como mencionamos anteriormente, durante la segunda mitad del siglo XX, se establece en diferentes países diversos movimientos que fomentaban la apertura y transformación de prácticas en relación al tratamiento de pacientes internados en hospitales y clínicas psiquiátricas.

En este contexto, el Acompañamiento Terapéutico empieza a gestarse en un momento donde el denominado “Campo de la Salud Mental” se comienza a establecer con gran fuerza, debido a que la psiquiatría propiamente dicha deja de ser considerada como la profesión exclusiva que curaba las enfermedades mentales y tiene que empezar a entenderse con otras disciplinas tales como la psicopedagogía, psicología, sociología, y el psicoanálisis entre otras. “El concepto de campo de la Salud Mental apareció como aglutinador de esta nueva corriente que pretendía superar el manicomio como forma de asistencia” (Rossi; 2007; pág. 23)

En este contexto entonces, tuvieron lugar múltiples actores y esquemas institucionales que abordaban el padecimiento mental y que proponían y promovían, no sólo la asistencia, sino también la prevención y el trabajo en la comunidad.

La práctica del Acompañamiento Terapéutico apareció en un primer momento fuertemente ligada a la psiquiatría, a razón de una apertura de la misma al estar atravesando una crisis radical, la cual hemos señalado anteriormente.

En este contexto, el Acompañamiento Terapéutico, se comenzó a utilizar junto a otros recursos clínicos como una práctica innovadora y alternativa a la lógica asilar manicomial. La experiencia llevada a cabo en Italia junto a Basaglia, la Psiquiatría de Sector desarrollada en Francia y la Psiquiatría Social-Comunitaria promulgada en EE.UU, son algunas de las que se inscriben en este marco, así como también en Francia por ejemplo,  se empleó un recurso similar al del Acompañamiento Terapéutico, el cual recibió la denominación de “animateur” que consistió en un tipo de acompañamiento grupal ligado a actividades recreativas, lúdicas y de socialización. Así mismo, en Canadá surge el Centro 388, un espacio de atención caracterizado por brindar un tratamiento psicoanalítico para jóvenes adultos psicóticos. Aquí se trabaja desde un rol llamado “Interviniente clínico”, y forma parte del dispositivo institucional que se ofrece para el tratamiento de estos pacientes.

 Es necesarios destacar también que, en diferentes países de Latinoamérica como Brasil, Uruguay, México, etc., se han desarrollado prácticas similares a las del Acompañamiento Terapéutico, aunque con otras denominaciones correspondientes a las características y particularidades de cada lugar, así como al sistema de salud desarrollado en cada zona, las concepciones socioculturales del tema y a las escuelas teórico clínicas con las cuales se enriquecen

ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO EN ARGENTINA:

El Acompañamiento Terapéutico en Argentina surge hacia fines de los 60, principios de los años 70´, junto con otras nuevas disciplinas, gracias a la influencia del psicoanálisis, la psiquiatría comunitaria, la anti-psiquiatría y la psicofarmacología, los cuales posibilitaron la implementación de dispositivos de atención ambulatorios o modalidades de abordajes alternativos a la internación propiamente dicha. Al mismo tiempo, la creación de Hospital de Día, que trajo aparejado una nueva significación sobre la locura y de su tratamiento.

En nuestro país también se crea en 1956, de la mano de Mauricio Goldenberg, el primer Servicio de Salud Mental, con sala de interacción para pacientes psiquiátricos, dentro de un Hospital General, hecho absolutamente inédito hasta ese momento. “Podemos inferir que la aparición en escena del AT ha sido fruto de una época, de cierta encrucijada histórica que generó las condiciones necesarias para que algo nuevo tuviera lugar en el campo de la Salud Mental”. (Pulice, 2016, p 2)

En 1959, se origina la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP), frente a un panorama en que la disciplina psiquiátrica comenzaba a ser cuestionada a razón del lugar que el Psicoanálisis iba ocupando y de la influencia que ejercían las nacientes carreras de psicología en el país. Frente a esto surge entonces, FAP, con el objetivo de lograr insertar a los psiquiatras dentro del llamado nuevo campo de la Salud Mental. Durante ese momento podemos diferenciar dos grandes grupos de psiquiatras, por un lado, los llamados manicomiales, es decir, aquellos que defendían el sistema hospitalario, muchos de ellos eran directivos de los manicomios del país, por otro lado, los llamados reformistas, los cuales se oponían a la situación de los manicomios y pretendían llevar a cabo modificaciones dentro del sistema. De este modo “la salida del consultorio hacia lo social y la posibilidad de tener en cuenta otra manera el contexto cotidiano de los pacientes, van abriendo un camino para el surgimiento posterior del rol del AT.” (Rossi: 2007; pág. 25)

Pulice (2016), establece que acerca de los inicios del Acompañamiento Terapéutico, hay varios mitos, uno de ellos establece que los inicios de la práctica, se llevó a cabo de la mano de Eduardo Kalina durante fines de los años 60, principios de los 70. Es importante destacar que en un principio esta práctica fue un desafío, ya que, no se contaban con grandes teorizaciones de dicha temática, solo se habían realizado algunas escasas publicaciones de artículos en revistas especializadas, las cuales alcanzaban únicamente el ámbito profesional, por lo tanto, durante esa época, no hubo un gran intercambio de criterios, ya que, no era un recurso demasiado conocido.

Durante estos años, el Acompañamiento Terapéutico apareció como una alternativa frente a la internación psiquiátrica, la cual fue sustituida por internaciones domiciliarias que eran llevadas a cabo por terapeutas, en su mayoría psicoanalistas jóvenes a los que les solicitaban desde las familias un tratamiento para pacientes en situación de crisis. Lo que se pretendía evitar era la internación psiquiátrica, por lo que podríamos decir, que la práctica del AT comenzó en un primer momento ligada a una práctica privada con personas de alto nivel económico, que, por razones sociales o prejuicios, no querían que se conociera la gravedad de la enfermedad de un familiar, ya que, en esa época, el hecho de internar a alguien estaba fuertemente estigmatizado y era motivo de segregación y discriminación.

El golpe militar que tuvo lugar en 1976, tuvo un fuerte impacto en el Campo de la Salud Mental. En lo concierne a la práctica del AT, podemos establecer que estas experiencias fueron desmanteladas por ser consideradas “subversivas”, lo que produjo que muchos profesionales tuvieran que exiliarse a otros países donde consiguieron difundirla. En cambio, aquellos que residieron en el país, se vieron obligados a llevarla adelante sólo en el al ámbito privado, determinando una especie de pausa en lo que respecta a su desarrollo y difusión.

Durante los años ochenta, este recurso tuvo un fuerte crecimiento en Argentina con la vuelta de la democracia, teniendo fuerte incidencia en la comunidad universitaria y en la tarea profesional, especialmente en la carrera de psicología, ya que, el número de psicólogos y de estudiantes creció considerablemente en esos años y acercó a profesionales recientemente recibidos a esta tarea, por lo que el Acompañamiento Terapéutico se constituyó como una interesante salida laboral y acercamiento a primeros pacientes. Esto trajo como consecuencia una extensión muchas veces indiferenciada del AT, planteándose de una manera estandarizada, sin especificar muchas veces su función, sin contar con supervisiones del tratamiento desde la clínica o desde un equipo profesional.

Es de suma importancia mencionar el primer encuentro que se realizó en Argentina en 1983 denominado "Sobre Acompañamiento Terapéutico en Argentina", donde queda ubicado el surgimiento de este agente dentro de la clínica psiquiátrica al que E. Kalina denominó, en un primer momento, como “Amigo Calificado”. Al poco tiempo, ese nombre fue sustituido por el de "Acompañante Terapéutico", hecho que significó un claro cambio de rol, acentuando enormemente el aspecto terapéutico por sobre la amistad.

En relación a lo expuesto anteriormente Pulice (2016), sostiene que la primera definición de "amigo calificado" daba cuenta del abordaje de la amistad por cuestiones que hacen a la modalidad misma de la praxis y que el cambio de denominación no fue un hecho trivial, sino que implicó un cambio en cuanto a la delimitación y a los alcances del rol. Cuando se empleaba la expresión de "amigo calificado" se acentuaba el componente amistoso del vínculo y la condición de amigo implicaba cierta simetría en el vínculo y una frecuencia temporo-espacial no delimitada de antemano y librada a los deseos del participante, por lo tanto, sostiene que lo que en un principio se perfilaba como un componente que podía facilitar el vínculo, luego se tornaba un elemento distorsionador del proceso terapéutico.

En un primer momento, se incluyó esta función del AT para la atención de pacientes en crisis y con dificultades para abordar a partir de los esquemas terapéuticos más tradicionales. También se lo incluyó para el trabajo con aquellos casos en los que se presentaban interrupciones o fracasos en sus tratamientos, aunque no se contaba con una formación específica sobre el AT

A lo largo de estos años, este recurso logró insertarse en otros sectores sociales y económicos, y llegó a instalarse su atención en instituciones públicas y en otros campos, muchas veces impensados, como el campo de la Educación Especial, dando lugar así a modalidades de intervención que se articulan con el trabajo en las diferentes escuelas, incluyendo actividades de integración escolar con el at. También fue haciéndose un lugar en ámbitos médicos, participando del tratamiento de pacientes oncológicos, cuidados paliativos y en el ámbito de la geriatría, llevando su tarea en el marco de un equipo interdisciplinario.

Con el correr del tiempo, se fue dejando de lado el lugar del AT planteado a partir de cierta estandarización del concepto de salud y normalidad, donde el at funcionaba como modelo de salud para pacientes adictos, esquizofrénicos, etc. Su llegada progresiva a las coberturas por parte de obras sociales fue marcando un cambio fundamental en nuestro país, ya que se fue conociendo mucho más esta temática por parte de los profesionales, como también, de la sociedad en general, la cual va demandando cada vez más la necesidad de implementar este recurso ante las autoridades de diferentes instituciones asistenciales.

En otras palabras, progresivamente se fue ajustando la práctica, y definiendo ciertos alcances, incumbencias y conceptualizaciones que no estaban del todo formalizadas, es decir, se fue haciendo necesario definir algunos factores que llevaron a la constitución de esta práctica tal como la conocemos en la actualidad.

Uno de esos factores se encuentra en relación con la expansión de esta práctica a otros campos como la educación, la justicia, discapacidad, etc. como se mencionó anteriormente, así como también su llegada a instituciones públicas, logrando de este modo, abarcar otros sectores sociales, culturales y económicos. Al mismo tiempo realizo una conceptualización de la práctica, lo cual implicó un marco teórico, clínico particular, así como cierta capacitación ligada la disciplina y una sistematización de la enseñanza. También se realizaron publicaciones y se formaron órganos de difusión de la temática, se crearon asociaciones profesionales que se desempañan en la especificidad y que impulsan y definen cuestiones ligadas a la misma y se constituyó un marco legal para el ejercicio de la profesión, es decir, asociaciones de at que establecen determinadas coordenadas para situar y llevar a cabo la práctica, así como también se encargan de impulsar y defender cuestiones ligadas a la misma.

Frente a esto, hay que reconocer que en la actualidad todavía quedan muchos aspectos por resolver de esta práctica, pero se ha logrado avanzar enormemente en lo respectivo a su extensión y consolidación, así como en la especificidad de su rol, su reconocimiento legal y su gran divulgación en los últimos años.


*Técnica en Acompañamiento Terapéutico, Licenciada en psicología. Docente de la Tecnicatura Universitaria en Acompañamiento Terapéutico de UADER. Miembro de EnRed.ATe

 

Bibliografía.

·         Amarante Paulo; “Superar el Manicomio. Salud; Salud Mental y Atención Psicosocial” Ed. Topía. Bs As. 2009.

·         Basaglia Franco; “La condena de ser loco y pobre. Alternativas al manicomio” Ed Topia. Bs As. 2008

·         Galende Emiliano; Psicoanálisis y Salud Mental. Para una crítica de la razón psiquiátrica. Ed Paidos. Bs As. 1994.

·         Vallejos, Indiana. “Discapacidad e Ideología de la normalidad. Desnaturalizar el déficit” Ed. Noveduc. Bs As- 2009.

·         Rossi, Gustavo; “Acompañamiento Terapéutico. Lo cotidiano, las redes y sus interlocutores”. Ed. Polemos; Bs As; 2007

·         Pulice Gabriel; “Fundamentos clínicos del Acompañamiento Terapéutico”; Ed. Letra Viva; Bs As; 2016.

 

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